
La enseñanza de las ciencias físicas en la escuela primaria (actual EGB), en nuestra provincia y en nuestro país, ha sido con frecuencia relegada a un segundo plano. La formación de los docentes, preferentemente orientada hacia las ciencias biológicas, no ha sido ajena a este fenómeno.
La porción de las Ciencias Naturales destinada al aprendizaje de contenidos de física y química es, con frecuencia, desplazada en la planificación a su enseñanza en el último bimestre o trimestre. Es decir que se enseña “si hay tiempo”, y en la parte del año escolar en que es menor el rendimiento intelectual de los niños, y por qué no decirlo, de los docentes también.
Poco queda para la creatividad a esa altura del año. Los docentes, en el mejor de los casos y siguiendo los viejos esquemas conductistas, desentierran de algún armario, por ejemplo, algún viejo anillo de Gravesande y un no menos viejo mechero de alcohol, para hacer una demostración de la dilatación de los cuerpos, sin transmitir realmente a los niños la esencia cognitiva, las causas profundas, de ese fenómeno físico. En última instancia, y comparando el escenario con un teatro de títeres, representamos la función, pero lo que el niño quiere y debe saber es qué es lo que mueve a los títeres. Es decir, le resulta (en el mejor de los casos) divertido que la bola caliente no pase por el anillo, pero lo que realmente desea y necesita saber es: ¿por qué, cuando un cuerpo se calienta, sufre dilatación, qué es realmente lo que hace que se dilate?
No tiene caso analizar aquí las causas de esta distorsión de los contenidos educativos (aunque serían el motivo para un interesante e ilustrativo artículo acerca de cómo se atentó contra nuestra educación), pero sí poner en evidencia que en un país y en una provincia que necesitan imperiosamente un desarrollo industrial sostenido, este es un descuido imperdonable que trasciende el mero rol de la Escuela.
Es, evidentemente, hora de dejar de lado la simple declamación, para ponerse a trabajar de firme en la elaboración de políticas educativas que sean concurrentes a ese objetivo.
La cuestión de infraestructura tampoco es un tema a dejar de lado. Construimos más aulas y comedores para que los educandos queden “contenidos”, aunque tengan que jugar en un patio de 4 X 4, sin correr, “para que no se hagan daño” (¡¿?!), pero pocas son las escuelas que disponen de un espacio físico exclusivo para laboratorio, y muchísimas menos las que lo tienen debidamente equipado para un aprendizaje aplicando los principios del constructivismo.
El conocimiento de la materia y de sus intimidades (estructura molecular, atómica y subatómica) resulta fundamental a un ciudadano del siglo XXI, rodeado de tecnología que, a la vez que le resulta cada vez más familiar, también le resulta cada vez menos entendible.
La enseñanza de los fenómenos físicos y químicos comunes resulta indispensable para saber, o al menos para desarrollar nociones de cómo funcionan un motor, un aparato eléctrico, un televisor, una heladera, un reloj, un teléfono; de cómo se fabrican el pan, el queso o la nafta, y hasta aquí solamente estamos hablando de tecnologías absolutamente cotidianas.
Asimismo es absolutamente impensable la verdadera comprensión de fenómenos biológicos como la digestión, la respiración o la fotosíntesis, sin una aprehensión previa o simultánea de los fenómenos químicos y físicos que éstos implican.
La iniciación del niño en estos contenidos desde la EGB I y II prepara además el terreno para la posterior y gradual ampliación de los mismos en los ciclos posteriores.
Se podrá argumentar que los contenidos de la física o de la química resultan demasiado elevados para, por ejemplo, el segundo ciclo de EGB. Nada más falso: el niño de 9 a 12 años presenta, en primer lugar, una no disimulada curiosidad por los fenómenos físicos y químicos. En segundo lugar no hay otras disciplinas que se presten mejor que éstas a la realización y comprobación de hipótesis para aprender por propia experiencia y buscar soluciones creativas. Son disciplinas donde podemos lograr que el niño realice aprendizajes realmente significativos mediante su propia construcción del conocimiento. En tercer lugar, una adecuada gradación de los contenidos, con un buen afianzamiento de los saberes previos, los que el niño puede contrastar en su práctica diaria, logra que el aprendizaje de las disciplinas físicas resulte agradable, interesante, enriquecedor y formador del pensamiento lógico.
La tendencia a lo descriptivo y clasificatorio, en desmedro de lo comprensivo y funcional ha minado la esencia de nuestra escuela. Nuestros alumnos de, por ejemplo, 7º año, tienen más facilidad para repetir como loros (¡qué horror!) la clasificación de los mamíferos que para precisar qué parámetros definen a un mamífero, y conocen, en el mejor de los casos, el nombre de todos los continentes, sin poder definir qué es un continente, ni, menos que menos, cómo se formó. Una buena comprensión de las ciencias físicas, prepara por cierto bastante bien para la comprensión, a su vez, de los fenómenos geológicos y climáticos, y éstos, para la adquisición de conocimientos geográficos que no sean un mero ejercicio mnemónico.
La adecuada articulación entre la parte física y la biológica de las Ciencias Naturales, y de éstas con las Ciencias Sociales, sobre todo en segundo y tercer ciclo, conforman quizá nuestra única oportunidad como docentes para lograr aprendizajes amplios, integrales, que excedan la simple y árida repetición por parte del alumno de lo aprendido, para conseguir en cambio una comprensión, aún seguramente escasa pero real del mundo que nos rodea, y una actitud creativa, de desarrollo del pensamiento y el discurso propio, en la cual el educando acecha al mundo que lo rodea para tratar de desentrañar sus secretos, en vez de verlo pasar con total indiferencia (o a lo sumo con curiosidad pasiva) acostumbrado y resignado a no poder comprenderlo. Es decir, contribuye a establecer en el alumno las bases necesarias como para que continúe con auto confianza y por su cuenta el proceso vital de conocimiento autónomo, que las personas llevamos a cabo durante toda nuestra vida hasta la ancianidad.
Agradecemos desde ya por esta nota a Carlos Eduardo Fernández y esperamos los cometarios pertinentes sobre la misma.
Foto fuente: http://www.dfis.uevora.pt/escfisica.htm