Nota públicada 26 de agosto de 2005
Muchas veces responsabilizamos a la institución escolar de la educación de los niños, como si fueran las únicas encargadas de hacerlo.
Tanto la escuela como la familia son necesarias en la educación del niño en sus distintas facetas, no debemos mencionar una dejando a un lado la otra, puesto que la persona es un ser global que no puede ser fragmentado.
Hace unos pocos años, las familias contaban con elementos de solidez propios muy superiores a los actuales: tenían convicciones más profundas, mayor estabilidad, menor estrés, más miembros y mayores oportunidades de interacción entre ellos, etc.
En la actualidad, las familias, a pesar de sus mejores niveles de formación y educación, están más afectadas por influencias sociales negativas propias de la sociedad y son más débiles en su estructura, encontrándose inmersas, en muchos casos, en problemas reales que afectan a su estabilidad como por ejemplo es el caso de la mujer de hoy, que se incorpora al mundo laboral; la carencia de ideales claros de vida, dificultades de convivencia o ruptura del matrimonio, etc. Esas familias necesitan más que nunca ayuda en su acción educativa profunda, y deben encontrar colaboración en el ámbito escolar.
La familia es por excelencia el campo de las relaciones afectivas más profundas y constituye, por lo tanto, uno de los pilares de la identidad de una persona, como así también allí se tejen los lazos afectivos primarios, los modos de expresar el afecto, la vivencia del tiempo y, del espacio, las distancias corporales, el lenguaje, la historia de la familia grande, extensa, que comprende a las distintas generaciones que nos precedieron; es decir, todas las dimensiones humanas más significativas.
El rol del docente es complementario del paterno y surge con el objeto de subsanar una carencia concreta. A la necesidad de educar a los niños dentro de escuelas, se agregará otro elemento más: una utilidad en dos dimensiones, la primera de índole didáctica (los niños aprenden mejor al lado de otros niños) y otra el de dejar la instrucción en manos de un especialista.
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