Ser maestro en la isla

Miriam tiene 31 años, estudió magisterio en la ciudad de Victoria, Entre Ríos, y se recibió de maestra de Nivel Inicial y, posteriormente, de EGB. Hace un mes fue nombrada Directora titular, luego de ganar el cargo por concurso.
- ¿Vivís en la isla o tenés que viajar?
- Cuando comencé a dar clases tenía que viajar todas las semanas y a veces me costaba mucho llegar a la escuela. Viajaba 6 horas en lancha de pasajeros, llegaba los lunes a La Invernada y volvía los viernes a Victoria. Ahora estoy viviendo acá, cerca de la escuela, aunque tengo que viajar periódicamente, no es lo mismo. Con el puente Rosario Victoria ha mejorado mucho este tema de los viajes, sobre todo porque no dependo del factor climático para poder llegar. A veces no podíamos venir a dar clase por mal tiempo o la lancha de pasajeros se rompía y llegábamos a las 4 de la tarde, habiendo salido a las 6 de la mañana.
- Desde que te recibiste, ¿sólo trabajaste en la isla?
- No, empecé dando clases en la ciudad y luego en el campo. Cuando conocí esta zona y a los chicos fue una bendición de Dios. Los alumnos son muy distintos, acá en la isla son más educados, hay un respeto hacia el maestro que en la ciudad no se ve. A parte ellos me han tomado como una segunda mamá.
- ¿Qué relación en general tenés con los padres?
- Familiar, la maestra es parte de la familia, recibo mucho apoyo de ellos. Soy enfermera, cocinera (cuando falta) y psicóloga, hago de todo, soy parte de ellos, soy la única consejera que tiene a su paso.
- ¿Te encontraste con algún problema en la enseñanza con respecto a las otras escuelas que habías tenido?
- Cuando trabajé en Victoria se hacía muy difícil porque los chicos no quieren escuchar, no les interesa y acá en la isla es distinto, tienen más dificultades en el aprendizaje pero ponen mucho esmero para poder aprender y eso te da fuerzas para seguir adelante y seguir trabajando.
- ¿Por qué pensás que existe esa diferencia?
- Ellos quieren superarse, me dicen: “seño, yo no me quiero quedar acá en la isla, quiero tener una profesión, no quiero ser igual que mi papá”. Sus padres son pescadores ó jornaleros y desean algo mejor, aunque a veces los medios, las circunstancias o la parte económica no les permite lograrlo.
-¿Qué lugar pensás que tiene el maestro aquí en la isla?
- Creo que el maestro tiene que ser todo para el niño, tiene que ayudar a la familia y más en estas situaciones porque necesitan mucho apoyo. En general buscan consejo cuando tienen que tratar alguna cuestión con “gente de afuera”, como los llaman ellos, de la ciudad, y necesitan tener otra referencia.
- ¿Crees que con la retribución económica que tenés está desvalorizado tu trabajo o tu sueldo es acorde a la función que cumplís?
- No, nuestro sueldo está muy desvalorizado, porque nuestro trabajo no son solamente 6 horas. Mi trabajo me lleva mucho tiempo y algunos problemas que terminan involucrando a mi familia. Por ejemplo, a mí me dan una tarjeta para comprar la comida que es de Entre Ríos y que no puedo usar en Santa Fe. Por lo tanto tengo que viajar desde Victoria con todos los alimentos para el comedor. Sin la ayuda de mi familia no lo podría hacer, es mucha mercadería para traerla sola hasta la isla, es mucho peso. Antes viajábamos una vez por semana, pero ahora cada 15 días porque el río está muy bajo y es más complicado todavía. Tengo que traer la carne para 15 días, el pan para una semana (cuando se termina lo hacemos nosotras), las verduras y todo lo que haga falta.
- ¿Porqué elegiste esta carrera, por vocación o quizás como una salida laboral más inmediata?
- Para mí fue vocacional desde el principio, primero estudié para maestra jardinera, pensando en que me gustaba trabajar con los chicos más pequeños. Después estudié para maestra de primaria y me gustó más, es diferente porque el alumno tiene otra mentalidad, se puede dialogar. Indudablemente lo hago por vocación, tenia la opción de estudiar otra cosa y no quise.
Desde el momento en que me recibí pensé en trabajar en las islas. Hay muchos docentes que no quieren venir a isla a enseñar, porque no es redituable, el sueldo es muy bajo y además uno está lejos de la familia porque no se puede viajar todos los días.
- Describime un día desde que suena el despertador…
- Me levanto a las 6:30, enciendo la radio (escucho LT39 Radio Victoria porque es la que me da información de mi ciudad) y me cebo unos mates mientras voy cargando la embarcación. Como el río está muy bajo tengo que ir en canoa, no me conviene ir por tierra hasta la escuela porque es muy peligroso por las víboras. Llevo la comida desde mi casa porque ahí tengo el freezer con la carne, también las verduras y el pan.
Cuando llego preparamos en desayuno para los alumnos junto con Ruth (que es la otra maestra que vive en la escuela). A las 8:30 llegan los chicos, a caballo, caminando o en canoa, colocan la bandera en el mástil para luego izarla y entramos a la escuela a las 9.
A las 11 tenemos un recreo y a la una de la tarde comemos con los chicos y aprovechamos para charlar con ellos, luego ayudamos un poco a la cocinera y así finalizamos nuestra jornada.
- La cocinera también vive en la escuela como Ruth…
- No, la cocinera vive acá en la isla pero bastante lejos de la escuela, el marido la tiene que traer en piragua (por el mismo problema de las víboras, porque hay mucho pasto). Ella y yo tenemos que estar si o si todos los días, aunque el tiempo sea adverso, porque los chicos seguro asisten a la escuela, y en este último tiempo porque van más que nada por el comedor. Los padres ahora no tienen mucho trabajo y tampoco hay pescado en el río, les han quedado muy pocas actividades para realizar.
- Con la bajante del río se te complica mucho más el traslado de los alimentos
- Si, como te decía antes estoy viajando cada 15 días y te cuento porqué. Me tengo que tomar un colectivo hasta la Terminal de Rosario con toda la mercadería para dos semanas (por supuesto con ayuda). Luego trasladarme en taxi (cuando me quieren llevar, porque no quieren saber nada de cargar tanto bulto aunque les deje propina y ya me conozcan de varios años) hasta la guardería Botar (que les permite a los isleños utilizar su marina para embarcar). Después me cruzan en canoa hasta la playa del Club Remeros y ahí atravesamos esa parte caminando hasta llegar al otro lado y volver a subir las cosas a otra canoa y remar hasta La Invernada. Es imposible entrar a El Embudo porque no hay ni una gota de agua.
- Para los gastos de la escuela usas una tarjeta que te da el Ministerio de Educación de Entre Ríos, ¿tenés alguna otra ayuda como la de la Municipalidad de Victoria por ejemplo?
- No, de la municipalidad no tenemos absolutamente nada, e incluso no se acercan mucho a la escuela, aunque a lo me lo mejor por la bajante no pueden entrar.
- Hace un mes por lo menos que no se puede entrar a la laguna, ¿desde cuanto antes hace que no vienen?
- Y... desde fines del año pasado en que vino el intendente.
- ¿De dónde reciben la ayuda que les hace falta?
- Y yo recibo mucha ayuda de Rosario y más que nada de la Prefectura Bajo Paraná de Rosario. Toda la gente que colabora es de la ciudad de Rosario.
- ¿Existe algún hecho ó anécdota muy significativos que quieras contar?
- Lo que me quedó muy grabado, el año pasado, fue cuando nos aparecieron 3 yarará. Cuando las vi, quería matarlas porque tenía miedo que los picara, estaban muy agresivas, pero los chicos más grandes me dijeron “No seño, nosotros las vamos a matar”, ellos me estaban cuidando, no quieren que me pase nada, me están protegiendo continuamente.
En otra oportunidad la pasé bastante mal. Un miércoles me enfermé y era imposible viajar a mi ciudad ni cruzar a Rosario porque no tenía medios para irme de la isla. Tuve que esperar hasta el día viernes para poder viajar a Victoria. Como estaba mal di clases de sentada y los chicos entendieron, estaban preocupados, me decían que me tenía que ir de alguna forma porque “no vaya ser que sea algo grave”. Pero, como ahora, con el río tan bajo es muy difícil salir.
Pero no todo es feo. Hace un mes que me nombraron titular y en todo este tiempo los chicos no me han dejado de demostrar su cariño y lo contentos que están por eso, es como que les da mayor seguridad de que no me voy a ir.
- Ahora sos Directora titular, ¿Qué pensás para tu futuro en lo profesional?
- Quiero quedarme. Acá estos chicos y los padres, a pesar de que estamos tan cerca de Rosario, viven otra realidad, es otro mundo totalmente distinto. En la ciudad es como que tienen todo más a mano, hospitales, profesionales… A veces me pongo a pensar de noche, cuando veo las luces de Rosario, que lástima que nos separa este río y nosotros estamos acá en la oscuridad y en otra vida, en otra cultura, parece que estamos 100 años atrasados a ustedes... se hace difícil la vida acá, pero sentirme parte de ellos me hace seguir adelante.
