Vivir Educando...

"Ninguna fecha es más oportuna para celebrar el día del maestro que el 11 de septiembre, día en que pasó a la inmortalidad Domingo Faustino Sarmiento. Por tanto se declara día del maestro en todo el continente americano el 11 de septiembre", fue el argumento de la Conferencia.
Sarmiento, figura controversial si las hay en nuestra historia, fue y sigue siendo afrentado por unos y alabado por otros.
Convencido de que el progreso del país iba de la mano de una transformación social, estimuló la enseñanza pública y laica que permitiera el acceso irrestricto a la educación gratuita para todos los habitantes:
“El lento progreso de las sociedades humanas ha creado en estos últimos tiempos una institución desconocida a los siglos pasados: La instrucción pública, que tiene por objeto preparar las nuevas generaciones en masa para el uso de la inteligencia individual (...) es un derecho que hoy ya no pertenece a tal o cual clase de la sociedad, sino simplemente a la condición del hombre.”
Si bien ejerció distintas profesiones, a Sarmiento se lo recuerda principalmente como el principal impulsor del sistema educativo nacional. Siendo Presidente de la Nación (1868-1874), la obra que desplegó en este sentido da bases para el sitial de honor que tiene en las escuelas del país: multiplicó el número de alumnos en las escuelas (la cifra de educandos pasó de 30 mil a 100 mil), creó la primera institución dedicada a la formación de maestros (la Escuela Normal de Paraná), promocionó la práctica de la lectura, a través de la Ley de Bibliotecas Populares, que dio origen a 140 bibliotecas en todo el país, e impulsó la creación de escuelas en todas las geografías de la nación.
Finalmente, la sanción de la Ley 1420 de educación obligatoria, laica y gratuita constituye un reflejo de su lucha.
En el origen de los sistemas educativos, universales y obligatorios, los docentes fueron percibidos como uno de los pilares de la construcción de la identidad nacional y rodeados, por ello, de un significativo prestigio social; luego fueron percibidos como profesionales técnicamente responsables de los resultados de aprendizaje de los alumnos y, en ese contexto, culpabilizados por el fracaso de la escuela o victimizados por el deterioro de las condiciones en las cuales desarrollan sus tareas. Las reformas de la década de los años noventa y el revolucionario proceso de desarrollo de las nuevas tecnologías de la información dieron lugar a nuevos discursos críticos y desestabilizadores, donde el papel del docente y de la propia escuela son amenazados en su rol educativo tradicional o sujetos a profundas modificaciones.
En la actualidad, a causa de la heterogeneidad del alumnado, la función de la escuela y del docente no es sólo pedagógica, sino la de atender a cuestiones diversas tales como: dar de comer, prevenir problemas de salud y de violencia, etc.,sin perder la calidad educativa, siendo una verdadera contenedora social.
La pregunta clave es: ¿es este el verdadero rol de los docentes y de la escuela?
En la práctica, no puede negarse la realidad de que las personas que atiende, viven en un contexto de pobreza e incluso indigencia. Por lo que se puede citar, esa famosa frase que dice: "nadie puede aprender algo cuando tiene hambre".
La práctica docente, es el trabajo cotidiano que desarrolla el maestro en determinadas y concretas condiciones sociales, históricas e institucionales que adquieren una significación tanto para la sociedad como para el propio maestro.
La sociedad argentina no ha logrado aún reivindicar al maestro. Pero no solamente el maestro está postergado, es la educación la que se encuentra sistemáticamente relegada por los gobiernos de turno. En este contexto, ubicamos a un trabajador de la educación mal remunerado sin horizontes de mejora por el modelo económico pretende modernizar la educación pero no convertirla en un eje estratégico del desarrollo nacional.
Será necesario en primer lugar recuperar el proyecto nacional para que la tarea educativa sea realmente central y prioritaria.
“Si no podemos imaginar qué futuro mejor estamos intentando abrir para las nuevas generaciones de alumnos (sean niños o adultos), es difícil sustentar en concreto la voluntad de enseñar. Enseñar es insistir, es perseverar en el intento que el otro aprenda, aun cuando ese aprendizaje sea una decisión del otro. Es tiempo de insistencias ”.
Desde aquí, vaya nuestro homenaje a aquellas personas que no pueden vivir sin enseñar...
